Gerald, un amigo de toda la vida, suele venir a mi casa a visitarme. El joven negro con un cuerpo maravilloso siempre llega sin avisar. Pero lo acojo con mucho gusto, él y su buen rabo. No hay tiempo que perder. En cuanto llega, me lleva a la habitación, y allí me desviste en un plis y me hace una mamada. Sin tardar, me penetra delicadamente, y me machaca con sus golpes de pelvis potentes.

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Con Gerald